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9/07/2004

El Tempo Editorial: Reloj, no marques las horas...


Ahora que termina Agosto podemos decirlo: que mes tan aburrido ¿verdad? Las librerías recortan horarios o directamente cierran. La cara que se te queda cuando vas y te encuentras la persiana bajada con el letrero de “Agosto. Sábados cerrado”…desde el sábado 31 de Julio. Aunque cuando consigues ir entre semana resulta que no llega ninguna novedad de esas que se esperan con ansiedad. Agosto es un mes que para muchas editoriales no existe o, como mucho, llegan lo que algunas prometieron para Junio-Julio…meses en que a su vez llegaron las cosas prometidas para el Saló. Llegados a este punto debemos concluir que los plannings editoriales se rigen por calendarios diferentes a los del resto de la humanidad, aspecto que merece estudio.

Un año consta de 12 meses, que comprenden 52 semanas, con lo que se promedia que en cada trimestre hay dos meses de cuatro semanas y uno con cinco, como bien saben los programadores de eventos sacadineros en DC. Ahora bien, si tenemos en cuenta que Agosto no existe, sólo quedan 11 meses para repartir estas semanas. Dando 4 a cada mes asignamos 44 semanas, con lo que las editoriales se quedan con un sobrante de 8 semanas que pueden emplear para justificar determinados retrasos sin estar saliéndose de “su” calendario.

Ejemplo inventado. Si en alguna ML un editor dice “el próximo número de nuestra serie mensual sale de imprenta en breve, por lo que debe estar en los puntos de venta a finales de Marzo” y según nuestro calendario el producto llega la tercera semana de Abril, no ha habido ningún retraso, sino que el editor ha hecho uso de tres de esas ocho semanas de que dispone. Es algo comparable en parte al próximo sistema de carnet de conducir por puntos. Un comodín que se emplea cuando hace falta. Y, a diferencia de días vacacionables y moscosos, estas semanas de crédito sí son acumulables de un año al siguiente. O sea, que si por ejemplo (inventado también) una editorial llevase años sacando puntualmente un fanzine, durante ese tiempo iría acumulando semanas de margen para emplear cuando fuera necesario. Si esa editorial saca entonces una serie de seis números mensual al ritmo de un ejemplar cada seis meses, estaría sacando el producto puntualmente, mientras le quedara crédito. Quizá mientras estáis leyendo esto la primera novela de Claremont, Juez Dredd y Gastón están saliendo de imprenta. En vuestros puntos de venta a finales de mes. O no, que es un ejemplo inventado.

Estas 8 semanas anuales de crédito son dogma de fe y no deben discutirse ni pedir explicaciones, son así porque sí y punto. Y si hay que dar la cara se tira de la manida respuesta de que no se ha podido sacar antes “por los materiales de reproducción”. Bonito eufemismo. Es como el bífidus, que va bien para “eso”. O sea, para cagarse. Algo de biología sé, y a mi escaso entender los “materiales de reproducción” son los testículos. Así que lo que dicen realmente es que se retrasan “por cojones”. Culpa nuestra por preguntar. Dogma de fe, boca cerrada. Mientras les quede crédito.

A esto debe aplicarse además el extendido Principio de la Publicación Salonera, que no descuenta: El segundo número de una serie mensual que comience en Mayo no saldrá en Junio sino en Julio. Si es bimestral en Septiembre.

El tiempo es todavía más elástico cuando hablamos de proyectos y títulos futuros. Debe entenderse que empezar una aventura editorial es un poco como estar enamorado. Todo parece bonito, fácil y posible. Y las series mensuales saben mejor. Así que se prometen bloques de series mensuales y precios ajustados (para que un tebeo consiga la Denominación de Origen de “precio ajustado” basta con tener un precio inferior al menos en cinco céntimos a un producto de Norma de características similares) y se es el rey del mambo un par de días por los foros. A la hora de la verdad lo de los materiales de reproducción es cierto, en la imprenta uno se pregunta si siguen haciéndolo por el método Guténberg ante la tardanza, y en distribuidora un título puede tardar quince días en hacer la etapa Madrid-Barcelona. Visto el panorama cabe preguntarse si lo mejor no sería anunciar el producto una vez está preparado y a punto de llegar, en vez de vocearlo en cuando hay un acuerdo medio atado o los derechos comprados. Quizá sí. De hecho hay una editorial que suele hacer esto mismo. Norma. Pero entonces nos quejamos de que saca las cosas sin avisar. Pero ya se sabe que Norma podría hacer una cosa y la opuesta y ambas estarán mal.

Hay otro ejemplo de una editorial diciendo “no sacaremos el primer número hasta que la obra este completamente terminada, de forma que no habrá retrasos”. DC con el DK2 de FM (y LV). Y aún así hubo retraso. Pero aquí parece que era más lenguaje del que se emplea en reformas y chapuzas domésticas “Lo que es la obra está acabada, queda lo que es rematar los detalles”. O sea tres semanas más mínimo. Y luego hay que ver lo mal pintado que lo dejan. La reforma, digo, no el DK2.

El tema se complica cuando el proyecto involucra a autores españoles por su falta de formalidad. Cuando compras derechos de un tebeo extranjero existe material inédito en castellano acumulado y se puede sacar desde ya. Con un autor español no, se tiene que empezar de cero ¿no podrían tener algunos cientos de páginas hechos en casa a la espera de que les llame alguien? Y luego está el que además de hacer el tebeo trabaja para vivir y no dedica todo el tiempo que debería, o quien se rasca los materiales de reproducción más de lo debido, o… El súmum de equilibrismo en calendario son por tanto las obras colectivas de autores españoles. Ya lo intentó Dude con La Huella Futura, de la que terminaron saliendo cuatro títulos (Haciendo Café, Amarillo Enamorado, Martín y Los Últimos). Algo parecido ha propuesto Glénat con su Colección 10, en la que para celebrar su 10 años editará 10 obras de 10 autores españoles. Lleva casi dos años para 5 títulos (Wake Up, Libertadores, Residuos, mantecatos, Miedo). Pero ¿acaso se marcó un plazo? ¿o está empezando a tirar de las 80 semanas de crédito acumuladas?

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